Malvina Silba fue secretaria durante siete años seguidos. Disfrutaba de su trabajo y era la preferida de los jefes que siempre le regalaban chocolates, flores y bombones, aunque a veces cuando miraba a sus compañeras (mujeres grandes que por la comodidad del sueldo y la costumbre se habían quedado estancadas en esa oficina) temblaba. Pero después de terminar sociología pudo renunciar: ganó una beca para hacer un doctorado en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y, luego, otra del CONICET.
Hizo su tesis sobre los chicos y chicas que escuchan cumbia en los barrios pobres del conurbano. Durante dos años los acompañó a bailar, a pelear con patovicas y la Bonaerense y aprendió que si bien sufrían y mucho también disfrutaban de forma intensa.
Docente en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y en el Idaes- Unsam.