Murió Diego Maradona

Salí, dejame llorar

Se fue el combustible de la infancia, adolescencia y juventud de varias generaciones. Diego Maradona atravesó la biografía de millones que hoy buscarán un video de sus gambetas para sentirse menos huérfanos. Aunque es difícil que una entrevista, una película, un libro, le haga justicia a su personaje y lo abarque en su complejidad: estamos hablando de un símbolo de la potencia de Evita, dice Martín Ale.

Diego Armando Maradona, figura central de la Argentina y el mundo en los últimos 45 años, murió hoy. En la conciencia de millones de hombres y mujeres, la noticia tardará en volverse tolerable. Más allá de los tironeos políticos que lo envolvieron, la Argentina llora a un personaje excepcional.

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¿Con cuántos personajes argentinxs se puede reversionar la famosa bajada de Walsh? Murió casi a la misma hora que Perón y el mismo día que Fidel Castro. Como el General y el Comandante, Diego tampoco era inmortal, aunque tenía la potencia de aquellos que trascienden los tiempos y los espacios. Se murieron los ‘80, los ‘90, los 2000. Se fue hoy el combustible de la infancia, adolescencia y juventud de millones. Los goles en diferido del Nápoli, la apilada de todos los tiempos, las piernas cortadas, la caída y la resurrección del nuevo milenio, el último Diego de Dubai-México-Gimnasia. El camino del héroe convertido en un electrocardiograma inverosímil.

No alcanza el poster de la película Amando a Maradona para meter a todos los Diegos de todas las épocas. Tampoco las Maradonitas. Difícil que una película, un libro, le haga justicia al personaje y lo abarque en su complejidad. Horas de documentales, cantidades de libros, tesis por todos lados: una frase de Maradona y al carajo las hipótesis. Pero ahí está el Maradona de Kapadia, el último Diego de Wall-Burgos, los textos de Alabarces.

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¿La lista de los que lo lloran? Interminable. Si estás en el grupo de los devastados, de los huérfanos, y esta noche no podés dormir, buscá videos de Cherquis Bialo o Fernando Signorini hablando de Diego. La veían venir. ¿Quién no? Yo también fui a una cancha a rendirle tributo al ultimísimo Diego en un Gimnasia-Independiente. Diego apenas pudiendo caminar, el partido espantoso. Una hora de ida, una hora de vuelta, dos horas y pico en la cancha. Casi cinco horas de un sábado. Nada comparado con las 5 horas de viaje de ida y 5 horas de vuelta que hizo mi viejo ese mismo día desde San Manuel a Avellaneda. Ho visto Maradona. Las mismas horas que en octubre 1993 hicimos para ver el debut de Diego en Newell´s en la cancha de Independiente. Y mucho más anduvo el Tati Benítez del gran Carlos Sorín en El camino de San Diego. ¿Sai perche’ mi batte il corazon?

Como jugador sí, pero como persona…Diego sí, pero Diegote…Pero el tema de los hijos…El entorno… ¡El ennntorrrno! “Ni vos ni tu jefe me van a decir lo que tengo que hacer. Que se dejen de romper las pelotas con mi entorno”, dice un audio, que suena reciente, con la voz de Maradona. Del ‘94 para acá, o del ‘91 para acá, Maradona partió las aguas.

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Juzguemos, claro, si total es gratis. Si querés odiar, odiá. Pero un cachito de comprensión, vamos. Se lo pedimos a la gente leída. No sean fiaca. Lo básico: contexto, historia, empatía. Estamos hablando de un símbolo de la potencia de Evita. A ese nivel.

En el documental “Diego, una historia de amores y odios”, de Miguel Rodríguez Arias, pos mundial 94, hay decenas de fragmentos de programas de TV que abordaron el dóping positivo de Maradona. Pero hay una imagen, representativa de ese momento tristísimo para millones, que cabe para un día mucho más triste como el de hoy. Un pibe de unos veintipocos, con la camiseta de Argentina, sentado en el cordón de la vereda, llora. Se acerca el movilero. El pibe lo frena: Dejame llorar, salí, dejame llorar, hermano.

Arte: Morocho Estudio

Estudio de diseño especializado en branding y editorial.

Por: Martín Ale

En la terraza de la redacción de Anfibia, hay una parrilla. Desde el 14 de mayo de 2012, todos los viernes se comió asado. Hubo excepciones: un par de feriados y las vacaciones de Martín Ale. Asador exquisito, se lo ha visto empapado, debajo de una tormenta furiosa, vestido con una bolsa de consorcio agujerada, chequeando el punto de cocción de un matambre a la parrilla.

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